La galería de los Megaloceros está muy decorada y tiene también vestigios arqueológicos específicos: hogares, huesos, industria lítica y ósea.

En el suelo de este espacio estrecho que va a dar a la sala del Fondo vemos numerosos residuos de carbón. Esta observación se hizo ya desde el descubrimiento en 1994. 

El funcionamiento de las grandes áreas de combustión que contribuyeron a cubrir el suelo de gran cantidad de carbón de leña implicaba la alimentación de hogueras con abundante madera de pino, lo que provocó la elevación local de la temperatura y la producción de humos y hollín. Los análisis antracológicos demostraron en este sector, como en el resto de la cueva, que se trata de pino silvestre o salgareño. Todas las dataciones efectuadas indican un período que va desde  hace 37 000 hasta 34 000 años.

En este pequeño espacio se hallan muchos huesos de oso de las cavernas que a menudo están muy alterados, un número bastante grande de ellos son pulverulentos. A pesar de la presencia de hogares, los escasos huesos carbonizados no lo están sino parcialmente. Los animales han dejado huellas de sus actividades: pulidos, zarpazos, escarbados. Otros animales más pequeños frotaron la pared y un íbice dejó sus huellas mientras trotaba y resbalaba por los salientes. 

Se descubrieron varias piezas líticas en el suelo (n=6, es decir, el 30% del conjunto de la cueva). Se trata de lascas de desecho sin interés tecnológico. 

Se identificó una punta de azagaya de marfil de mamut de 30 cm de longitud durante la limpieza superficial del suelo pulverulento, a la izquierda del sendero. Esta descansa en un sedimento aéreo rico en huesos fragmentados y carbón de leña que datan de hace 36 000 años.

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