Con el Gran Toro negro, llegamos a la obra más emblemática, no sólo de Lascaux, sino también del conjunto de cuevas y abrigos ornados paleolíticos.
Las dimensiones, 3,71 m de amplio, 1,93 m de alto, hacen de esta representación de uro una obra monumental. Este carácter está acentuado, a la vez, por el color muy oscuro del pelaje que contrasta con un fondo inmaculado, y la ausencia de figuras pudiendo competir gráficamente con este sujeto. En un radio de 5 m, en efecto, ninguna representación, a excepción de las asociadas por la imponente silueta - casi fagocitadas -, interfiere en el espacio circundante.
Dos técnicas gráficas fueron aplicadas. El espinazo, la cola y la encornadura se trazaron al pincel. Todo el resto está realizado según el método de pulverización. Ciertos investigadores han visto dos períodos diferentes de ejecución. En realidad, esta dicotomía se debe esencialmente a los problemas de acceso a la pared. La utilización del pincel ha autorizado al artista a prolongar el gesto que el método por proyección de materia limitaba.
La observación de las zonas de superposición de las siete figuras restantes permite proponer una cronología de las pinturas del este panel. El pequeño équido amarillo, localizado delante del toro, fue dibujado durante las primeras intervenciones de los pintores. Después de terminar la imagen de las dos vacas y de los cuatro prótomos amarillos de bos, los pintores procedieron a la última etapa, la de la colocación del Gran Toro negro cuyos contornos cubrieron una gran parte de las figuras, sin que por ello las disimulara completamente. Los huecos dejados en los emplazamientos del cuerpo de los dos bos hembras ponen de manifiesto que no hubo intención de cubrir completamente las imágenes subyacentes.
© Ministère de la Culture/Centre National de la Préhistoire/Norbert Aujoulat
© Ministère de la Culture/Centre National de la Préhistoire/Norbert Aujoulat
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